CLASES Y CLASES DE FORMACIÓN PROFESIONAL

sábado, 10 de enero de 2026

 


 

Podemos leer muchos manuales o asistir a formaciones sobre metodologías, gestión de aula y conflictos, innovación educativa u otro sucedáneos, pero, en demasiadas ocasiones se nos desmonta el chiringuito cuando te encuentras con una clase donde la diversidad te apabulla o el comportamiento no es el ideal para dar clase convenientemente. La experiencia ayuda a manejar situaciones, así como grandes dosis de paciencia que logran no agriar tu carácter o precipitar una subida de la tensión arterial. 

 

Las conversaciones sobre la necesidad de disciplina o un régimen sancionador más estricto creo que no son nada nuevo en este siglo o en el pasado. La inquietud o el nerviosismo de la juventud no tiene cura. Más todavía en una sociedad acostumbrada a no relajarse y a consumir contenidos y productos sin cesar. La dichosa dopamina. Probablemente en el futuro será una anomalía mantener a los estudiantes tantas horas seguidas cara a una pizarra (digital o tradicional). O quizás el efecto rebote ante la ingente generación de contenidos vía inteligencia artificial nos devuelva a tiempos donde el silencio y el estudio analógico eran la norma. Sin embargo, dudo de nuestra capacidad para ese sosiego, más allá de para un grupo selecto apto para la concentración y vacunado de la inanidad de las redes. 

 

Quizás no hayamos todos pasado de frenada abrazando una educación permisiva. Para bien y para mal. Las familias, base de los valores de las personas, también patinan independientemente de los recursos que tengan. Y así se van sumando factores que hacen más difícil una profesión que siempre ha sido compleja donde las dificultades se redoblan cuando no sabes qué hacer en una clase para mantener ese clima facilitador del aprendizaje y mantener la motivación propia y ajena. No obstante, también hay clases donde te encuentras estudiantes que te escuchan y agradecen tu empeño, a pesar de que nos solemos quedar con esos cuatro más intensos que estresan la enseñanza y alteran una cotidianidad utópica. Desde luego, mucho mérito (y un sueldo doble) tienen todos esos y esas docentes de Formación Profesional Básica o algunos Grados Medios que tienen una realidad complicada. 

 

Mientras tanto, a los docentes no nos queda otra que capear el temporal y tratar esa diversidad alborotada con la mejor fórmula de siempre: la empatía. Recordar cómo fuimos en aquellos maravillosos años, a menudo olvidados o idealizados, siendo sabedores que cada curso viene con nuevos sobresaltos a pesar de nuestras buenas intenciones iniciales. Desde luego, a pesar de esas clases donde parece que se conjugan las peores circunstancias, vale la pena seguir apostando por unos jóvenes que más tarde que pronto caerán del árbol y se convertirán en buenos profesionales y personas gracias también a nuestra reducida influencia.  

 

Foto de Giuseppe Argenziano en Unsplash

DOS PROPÓSITOS PARA LA FP

sábado, 3 de enero de 2026

 


 

 

Corren tiempos extraños. Vivimos en una paradoja constante tanto a nivel educativo como social. La tecnología y las nuevas metodologías, ahora impuestas por real decreto, debieran impulsarnos hacia una mejor Formación Profesional; pero a su vez se oyen cada vez más voces que desaprueban la obligatoriedad de unos métodos que antes eran solo cosa de algunas regiones, centros puntuales o docentes motivados. Vende ahora más la vuelta atrás a un mundo que ya no existe y que algunos imaginan como una suerte de paraíso perdido. Transitamos marcha atrás desde formaciones docentes que prometían bondades sin posibilidad de objeción de conciencia y mucha vergüenza ajena, a otro sistema donde la soberbia y la pedantería se confunden con la cultura y las ganas de hacer las cosas bien. 

 

Coincido con Pablo Peñalver en su análisis de las dificultades que arrastra la FP: falta de decisión y de diseño sistémico. En lugar de transformar hemos agudizado ciertas carencias que en la FP sobrellevábamos: trabajo en equipo de los docentes, actualización técnica (y tecnológica), motivación y comportamiento del alumnado... y ese multitasking que ya hace tiempo se demostró ineficaz. Y no, no hace falta caer en la dóciles manos del mindfulness, sino quizás valdría la pena que nos centráramos en lo que realmente importa y gestionar de otro modo esa programación diaria que nos abruma con demasiadas tareas que no son importantes para nuestra profesión. Pero no. Seguiremos un año más poniendo parches sin dar la vuelta a un sistema que nos agota y nos alienta a poner la mirada en cuántos años nos quedan para jubilarnos. 

 

Y ahí seguimos con las paradojas. Centros educativos con patios de cemento y un gotelé preconstitucional junto a otros centros donde la realidad virtual y aumentada ayudan a transitar hacia un mejor futuro profesional. Queremos ser sostenibles mientras la impresión de exámenes vuelve a las andadas en busca de resultados de aprendizaje no mediatizados por una inteligencia artificial que nos adoctrina mientras consume energía a espuertas. Más alumnado matriculado en FP que en la historia pero no demasiada inversión en determinados ciclos o inequidad entre centros y comunidades autónomas. Abundantes iniciativas y premios a la innovación pero poca gestión novedosa que reorganice y replantee procesos obsoletos y onerosos. 

 

Comenzamos el año, y este artículo que pretendía contar dos deseos para sus majestades de Oriente, ha desembocado en una suerte de soflama autoterapéutica. Aún así, mis deseos, o más bien mis propósitos personales para este nuevo año son las siguientes:

 

1. Más tiempo para lo que realmente importa. Quitando las prioridades del ámbito personal y familiar, espero poder dedicar más tiempo a los alumnos por encima de esas otras tareas que poco aportan. Aprender a simular o camuflar ese tiempo que nos roban esas programaciones ficticias o esos certificados para aparentar ante propios y extraños. Nuestra apreciada IA debería librarnos de esas faenas insustanciales, antes de que lleguen esos humanoides que prometen quitar el polvo de la casa, y no solo llevarnos a la mendicidad cognitiva. 

 

2. Lecturas. Además de despotricar de lo que nos quitan las pantallas y de la estulticia que ha contagiado a todos los públicos, hay que poner medios para esa desconexión digital que nunca llega. Competir con las redes o dejar de escrolear se ha vuelto misión imposible. Por todo ello, me prometo más dedicación a esas novelas, cómics o ensayos que aportan algo más que un vocabulario nuevo o entretenimiento. Sin duda, descubrir y amar la lectura seguirá siendo la asignatura pendiente de una educación que decidió tomar otras rutas más vistosas.

 

En fin, espero que vuestros deseos también se cumplan, coincidan o no con los míos. Aún así, estoy convencido de que, pese a la complejidad, embrollo y desnortamiento actual, la gran mayoría seguimos apostando por una Formación Profesional que suponga una etapa educativa vital para transformar las vidas de nuestros jóvenes. Démosles razones para seguir creciendo a nivel personal y profesional en un mundo que parece no ofrecer certezas ni referentes caracterizados por su humanidad y amor por la cultura. 

 

Foto de Yaniv Knobel en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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