CUANDO EL PROBLEMA NO ES LA IA

martes, 29 de septiembre de 2026

 


Finalizo esta serie de cuatro artículos sobre el uso educativo de la IA con una reflexión personal. Quizás estamos alcanzando el punto de saturación en lo que se refiere al empleo educativo y profesional de la IA generativa. Constantemente tratamos de anticipar el uso profesional que harán de la IA nuestros estudiantes en el futuro, qué tipo de tareas acabarán relegadas por su implantación extensiva, o queremos saber si estamos abocados irremediablemente a una mayor pobreza mental. La intriga o desasosiego son permanentes. Y en FP nos preocupa el futuro. 

 

Todo ello sin tener demasiado claro qué hacer para evitar un abuso por parte del alumnado o un mal uso por parte de los docentes. La ley de la selva, a pesar de los titulares y cientos de artículos advirtiéndonos de que pongamos puertas al campo, parece que se ha aprobado por mayoría absoluta. Pero luego viene el día a día en el aula. Los discursos, debates y artículos sesudos, no demasiado seguidos por un profesorado en exceso ocupado, quedan en un segundo plano cuando tienes que lidiar con jóvenes que necesitan ser escuchados; que requieren unas normas claras para seguir una clase con cierto aprovechamiento y evitar así interrupciones o una falta de atención permanente; y además debes justificar cada hora que pasas en tu aula con indicadores, adaptaciones y buenas intenciones de que vas a cumplir cual escribano medieval. 

 

Desafortunadamente la IA no evita las grandes dosis de paciencia que se requieren en el aula. No creo que haya robot que sobreviva a este entorno. La IA tampoco inocula al alumnado las ganas de saber más y culturizarse, así como preocuparse por un futuro profesional que sigue como siempre y más que nunca en entredicho. La IA da respuestas inmediatas pero no comprende la desidia, la inmadurez, el agotamiento, la desigualdad y un sinfín de carencias que arrastran muchos de los que habitan las aulas. Pero aún así, ¡viva la formación en IA! No seré yo quien tire piedras contra mi propio tejado. El variopinto uso de herramientas de inteligencia artificial no parece tener fin en un panorama próximo donde el bienestar docente solo sirve para dar título a un curso estival. 

 

Quizás el alarmismo debiera encenderse ahora que hay muchos profesores exhaustos porque quieren enseñar en mejores condiciones y que llegan con la lengua fuera a cumplir todos y cada una de los requerimientos de una profesión que solía llamarse "enseñanza". Ya no sé si trabajo en educación, en la enseñanza, en formación profesional, soy un técnico o soy un coach personal. Creo que una mayoría, con o sin IA, queremos enseñar mejor, poder dar clase con los contratiempos habituales, y no percibir que esta profesión se ha complicado con buena intención pero sin sentido. Seremos mejores editores, productores, programadores, organizadores o pseudotecnólogos, pero podemos dejarnos el alma por el camino con tanta productividad mejorable. Al final, esa admirada vocación docente, con tan buena prensa, no será puesta en peligro por una IA que parece poderlo todo; sino por unos humanos que nos empeñamos en complicarnos la existencia en lugar de aprender a dar las mejores clases posibles con los recursos necesarios. 

 

Foto de Liudmyla Pashkevych en Unsplash

CÓMO DECLARAR EL USO DE LA IA EN CONTEXTOS EDUCATIVOS

miércoles, 23 de septiembre de 2026

 


Continuando con la temática de los últimos artículos publicados en relación al uso docente de la IA generativa, vengo a reflexionar sobre la necesidad u obligación de mencionar su utilización a la hora de crear y publicar recursos educativos. ¿Debemos hacer una mención explícita en cada material que compartimos con el alumnado? ¿Hay alguna obligación legal o recomendación ética para incluir en los recursos que editamos (apuntes, actividades, imágenes...) el uso de ChatGPT, Gemini, Copilot o cualquier otra herramienta de IA generativa?

 

Para responder a estas cuestiones, conviene en primer lugar analizar la normativa de la Unión Europea al respecto en su Reglamento 2024/1689 y en el Reglamento modificativo 2026/1744 recién publicado sobre la aplicación de normas armonizadas en materia de inteligencia artificial. ¿A qué obliga al profesorado? En este reglamento no aparece la obligación de poner una declaración de IA en todos los materiales docentes ni prescribe ninguna fórmula para mencionar su uso. Tan solo hace mención a que la Comisión deberá fomentar y facilitar códigos de buenas prácticas europeos para: «la detección, el marcado y el etiquetado de contenidos generados o manipulados de manera artificial».

 

Observamos que la actualización de 2026 no convierte los apuntes, fichas, presentaciones o actividades de un profesor en materiales que obligatoriamente deban llevar una etiqueta de IA. Tan solo refuerza la necesidad de que las organizaciones formen y orienten a quienes usan IA, incluidos potencialmente los docentes, pero no obliga a poner una etiqueta en estos materiales. El Reglamento europeo de IA sí establece obligaciones de transparencia en algunos casos concretos. Por ejemplo, cuando se difunden deepfakes —imágenes, audios o vídeos manipulados o generados por IA que pueden parecer auténticos— debe informarse de su carácter artificial. También exige transparencia para determinados textos generados o manipulados por IA que se publican con el fin de informar al público sobre asuntos de interés público. En cualquier caso, según la norma, el mero hecho de utilizar IA para preparar un texto no implica automáticamente una obligación legal de etiquetarlo como generado por IA, especialmente cuando el profesor revisa, corrige, adapta y asume la responsabilidad del contenido.

 

Por otro lado, en la disposición de julio de 2026 se exige adoptar medidas para apoyar la promoción de la alfabetización en IA, teniendo en cuenta los conocimientos, experiencia, educación, formación, contexto de uso y personas afectadas. En principio todo ello nos lleva al profesorado a la necesidad de tener unos criterios, y no simples intuiciones, acerca de: qué usos son apropiados; cómo verificar el contenido; cuándo existe obligación de transparencia; cómo proteger los datos; cómo detectar errores y sesgos; o cuándo no debe delegarse una decisión en la IA. 

 

Asimismo, si tomamos como referencia las "Directrices éticas sobre el uso de la IA y los datos en la educación y formación para los educadores" la idea de fondo nos señala que la IA puede utilizarse para crear, adaptar o recomendar recursos, pero el docente debe revisar, contextualizar y responsabilizarse del resultado. Las directrices también contemplan que el profesorado debe saber cómo incorporar a su trabajo contenidos de IA editados o manipulados y cómo acreditarlos. Ahora bien, no establecen una fórmula concreta de declaración ni obligan a utilizar APA, MLA u otro sistema bibliográfico. En definitiva promueven un uso transparente, supervisado y responsable, en el que el docente conserve el control, proteja los datos, compruebe los resultados y haga reconocible la intervención de la IA cuando sea relevante. 

 

No tenemos por tanto una obligación legal para mencionar el uso de la IA generativa en nuestros materiales, pero esa transparencia, cuando las herramientas de inteligencia artificial generativa hayan contribuido de forma sustantiva a la elaboración de un material docente, nos recomienda indicar de forma clara la herramienta empleada, la finalidad de su utilización y el alcance de la intervención de la IA. Esto  aconseja que los centros educativos establezcan criterios comunes sobre cuándo y cómo declarar el uso de IA generativa, cómo verificar sus resultados, qué información no debe introducirse en estas herramientas y qué responsabilidad conserva el docente sobre los materiales finales.

 

En principio, sería tan sencillo como que el profesorado fuera conocedor de una declaración de uso de inteligencia artificial generativa:

Cuando la IA generativa haya contribuido de manera sustantiva a la elaboración de un material docente, deberá indicarse de forma clara la herramienta utilizada y la finalidad de su uso. El profesorado deberá revisar, validar y adaptar los resultados antes de su utilización educativa y mantendrá la responsabilidad sobre el contenido final. 

Y, en su caso, sería suficiente una declaración en los materiales del docente indicando:

IA generativa: [herramienta] utilizada como apoyo para [finalidad]. Las aportaciones generadas han sido revisadas y validadas por el docente, que asume la responsabilidad sobre el contenido final.

Cuestión distinta sería si tuviéramos que hacer una simple cita bibliográfica, tipo normas APA, para mencionar únicamente la utilización de la IA generativa pero sin asumir la supervisión humana y ni la responsabilidad del docente. Para estos casos, tomando como ejemplo la guía de la APA tan solo sería necesario citar con la siguiente estructura:

 

En un texto:

Para generar ejemplos iniciales de casos prácticos contextualizados se utilizó ChatGPT (OpenAI, 2026).

Como referencia al final de un documento o presentación:

OpenAI. (2026, 15 de septiembre). Problemas contextualizados sobre logística internacional [Chat de IA generativa]. ChatGPT. https://chatgpt.com/share/XXXXXXXX 

 

Entiendo que, además del sentido común en la utilización de la IA, es necesario reflexionar, acordar y establecer unas normas comunes con el fin de ser también ejemplo para nuestro alumnado. Además de por las razones éticas arriba mencionadas, es educativo trasladarles la necesidad de revisar los materiales generados y hacer un uso adecuado, buscando además controlar las fuentes que generan esos datos que a menudo damos por sentado. No hay por qué avergonzarse de su uso si se hace con transparencia y formando de paso a los estudiantes. Cuesta muy poco. 

 

Fuente imagen: generada con IA mediante ChatGPT (OpenAI, 2026), a partir de instrucciones del autor. 

Con la tecnología de Blogger.

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