TEORÍA Y PRÁCTICA EN FP

martes, 27 de octubre de 2026

 

 

Con la vorágine del cambio de sistema de Formación Profesional, tengo la sensación de que nos hemos enfrascado en exceso en el diseño y la aplicación rigurosos de las programaciones didácticas. Mientras tanto, algunos de los objetivos de este nuevo sistema parecen haber caído en el olvido junto con esa obsesión calificadora o preocupación desmesurada por cumplir lo inviable. En vez de dedicarnos a indagar en las necesidades del entorno real de nuestro sector u organizar actividades o retos donde tengan cabida profesionales con experiencia, andamos ahora diseñando materiales o generando actividades sin cesar gracias a una IA que a menudo nos embota el criterio docente. Innovar queda aún más lejos. 

 

Desde los centros educativos debiéramos priorizar este tipo de acciones en las que, más allá de ofrecer los contenidos necesarios y básicos de cada módulo profesional, puedan los estudiantes conocer de cerca cómo funciona nuestro sector económico y qué requiere de los futuros empleados o emprendedores. Corremos el peligro —con ese afán certificador que ahora todo lo abarca— de plantear una FP enlatada en la que solo un listado de resultados de aprendizaje y criterios de evaluación sean la prioridad en la práctica diaria del aula. Un error en el que quizás podemos volver a recurrir con el fin de programar adecuadamente una FP en la que los contenidos sean la esencia en sustitución de un deseable trabajo por competencias conectado con la realidad y no solo con la teoría. Es imprescindible que la FP mantenga su propia diferencia frente a otras etapas obligatorias, el bachillerato o los estudios universitarios.

 

No quito valor a la teoría, ni mucho menos, pero sí entiendo que es esencial acercarnos a la práctica profesional en una etapa educativa que siempre se ha distinguido por su proximidad a la empresa o centros de trabajo. Sin duda, aquellas titulaciones donde los talleres son más importantes no deben acusar esta problemática; sin embargo, en aquellos ciclos formativos orientados a otro tipo de servicios podemos retornar a pruebas y exámenes donde lo primordial es una aprendizaje teórico poco conectado con la realidad y sustentado materiales generados por la IA. 

 

Estamos en tiempos de cambio donde es necesario transformar muchos procesos del aula, reflexionar con profundidad sobre qué necesita aprender nuestro alumnado y en cómo podemos favorecer mejor esos aprendizajes. Hacer más de lo mismo o pretender dar clases magistrales día tras día sin otras alternativas que encajen con la FP se ha vuelto poco viable además de poco enriquecedor. Además, tenemos el hándicap de un alumnado joven que, al igual que nosotros, tiene dificultades para prestar atención independientemente de la presencia o ausencia de dispositivos digitales. Nuestra verdadera, compleja y fatigosa labor está en esa gestión del aula y en el modo de transmitir y trabajar las competencias que consideramos más relevantes. Pretender abarcar todos los epígrafes de una unidad didáctica a pesar de los contratiempos y contando con la inasequible extensión u obsolescencia de los currículos oficiales me parece una equivocación. 

 

Seguimos en proceso de prueba y error. Tras más de dos décadas dando clase, sigo vacilando en estas y otras muchas cuestiones en un sistema que entiendo que no andamos enfocando adecuadamente. En lugar de poner el acento en la prometida actualización técnica o en métodos innovadores, continuamos poniendo el acento en prácticas que debieran estar superadas. No es necesario desdeñar los exámenes ni las presentaciones orales, pero sí hace falta poner el acento en unas pocas acciones que nos faciliten la docencia y nos permitan sistematizar nuestra enseñanza desde la flexibilidad, la coordinación y una evaluación auténtica donde la IA no solo anquilose nuestras mentes para cumplir el expediente y una calidad mal entendida. Tal vez sobren incluso horas lectivas o debamos replantearnos un horario académico que suele pecar de rigidez y que poco ha cambiado en las últimas décadas. 

 

Quizás debamos hacer una pausa obligatoria, volver a coger aire y seleccionar los recursos idóneos para afrontar un curso que se antoja interminable y desechar aquello que nos impide progresar y mantener el confort necesario en el día a día del aula. De lo contrario, acabaremos refugiados de nuevo en unos apuntes y un libro de texto con tal de pasar desapercibidos. No perdamos la motivación para ser creativos, crecer profesionalmente y seguir creyendo en las posibilidades de nuestro alumnado. 

 

Foto de Wilhelm Gunkel en Unsplash

¿HABLAMOS DE POLÍTICA EN EL AULA?

jueves, 22 de octubre de 2026

 


 

Se acercan las elecciones y es inevitable conversar, escuchar o debatir sobre la actualidad política. Es una buena ocasión para sacar a relucir temas que pueden ser controvertidos o que de algún modo afectan a la economía, al mercado laboral, al comercio internacional, al derecho, a la educación, etc. Plantear estos debates o diálogos puede generar conflictos entre los estudiantes o con ellos, o dar lugar a que se nos acuse de adoctrinar, con o sin motivo. Conviene tener en cuenta la definición de este último verbo: 

 

Adoctrinar (RAE): inculcar a alguien determinadas ideas o creencias. 

 

En mi opinión, es complicado sustraerse de la propia ideología, como supuestamente debieran hacer aquellos medios de comunicación que presumen de objetividad a la hora de informar. Sin embargo, teniendo en cuenta el público que tenemos en las aulas, con una opinión por formar, más influenciables, menor de edad o simplemente inmaduro, debiéramos ser mucho más prudentes a la hora de abordar cuestiones que van más allá de los asuntos técnicos, del derecho que nos protege o exige, o de los valores que actualmente nos definen como sociedad. Ser políticamente correcto, en el sentido literal del término y pese a no estar en boga, es quizás un enfoque a mantener. 

 

Todos estamos de acuerdo, o al menos hay un consenso generalizado al respecto, con esos principios universales plasmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (no vendría mal un repaso eventual de los mismos en las aulas). Pero cuestión aparte son las proclamas o simpatías que cada uno de nosotros tiene en relación al Gobierno de turno o sus dirigentes, los partidos políticos o sindicatos que nos representan, o la animadversión que nos provocan ciertas medidas políticas. A pesar de nuestras fobias y filias, entiendo que no es apropiado manifestar o defender en el aula asuntos que nos posicionan de forma partidista. Al menos en determinadas etapas educativas.

 

Lo mismo ocurre cuando hacemos uso de un perfil personal en redes sociales que también utilizamos como herramienta educativa con nuestro alumnado. Igualmente, no entenderíamos que una cuenta oficial de un centro educativo nos aconsejara a qué partido votar o a quién no votar. Sin embargo, es cada vez más frecuente encontrar perfiles de docentes tanto en redes con un carácter supuestamente más profesional, como LinkedIn, como en otras tipo Instagram o TikTok, donde se interactúa con el alumnado y se promueven mensajes sesgados. 

 

La prudencia o el sentido común son términos difíciles de medir. ¿Dónde ponemos los límites a la hora de defender posturas o unos valores que suponemos comunes? El mejor legado que podemos dejar a nuestro alumnado es que entienda la necesidad de alimentar su capacidad crítica a través del conocimiento y de una opinión formada y enriquecida con fuentes veraces y datos contrastados. Lo habitual, entre los adultos y los más jóvenes, es caer en proclamas y opiniones viralizadas a golpe de meme, donde nuestros prejuicios no facilitan un diálogo o ese interés por conocer más que supuestamente debiéramos provocar en nuestro alumnado. 

 

Cuando el alumnado capta enseguida de qué pie cojeamos, mal asunto. Como docentes, a pesar de lo que ahora se proclama, debemos entender la educación desde una acepción amplia donde, además de transmitir conocimientos, también colaboramos en que nuestros jóvenes aprendan a relacionarse, manejarse con respeto, ser exigentes consigo mismos y entender la importancia de sus acciones, reacciones, lenguaje y solidaridad dentro de la sociedad. Más allá del currículo oficial y de nuestros apegos y desapegos, tenemos una compleja labor para que nuestros alumnos entiendan y defiendan sus propias ideas de un modo analítico y sin salirse de esas líneas que facilitan la convivencia de este frágil mosaico humano del que todos formamos parte. 

 

Foto de Stephen Harlan en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top